Una muerte roja para la máscara de Jack Torrance

Las paredes de los hoteles guardan en sus rincones infinidad de secretos humanos que, de ser revelados, podrían suscitar una explosión magnánima entre los inquilinos antiguos, presentes y futuros, si es que todos se reunieran a contemplar la catástrofe. Afortunadamente las paredes de estos hoteles comunes no hablan; sin embargo, no es el caso del Hotel Overlook, en Colorado, donde se celebran fiestas de máscaras día tras día, desde 1910, cuando se inauguró, hasta 1977, la fecha a la que nos transporta Stephen King, en esta agobiante y surrealista historia.

El Overlook es un enorme hotel en Colorado, particular por su espectacular paisaje y su cancha de roque, la más grande del país, entre otras bellezas; en sus habitaciones durmieron los Vanderbilt, los Rockefeller, los Astor y los Du Pont. Y la suite presidencial la ocuparon cuatro presidentes: Wilson, Harding, Roosevelt y Nixon, así como los hombres más ricos de Norteamérica y sus esposas o amantes, hasta llegar Jack Torrance, un exprofesor de literatura inglesa que acaba de tirar su carrera por la borda, arrastrando a su familia hacia este lugar, su última esperanza para recuperar su vida intelectual, pues ahora será el nuevo cuidador del hotel durante la temporada de invierno en la que nadie desearía permanecer una noche si está en sus cabales; y esto no es sólo por la nieve paulatinamente amenazadora ni el aislamiento total del mundo durante más de cuatro meses. Parece ser que algo maligno, pesado y fúnebre alberga el lugar, eso ¿o será que las personas pierden el juicio al permanecer durante tanto tiempo en el encierro?, ¿realidad o fantasía?, ¿esquizofrenia o manifestaciones sobrenaturales?, éstas son algunas de las preguntas que te plantearás durante toda la lectura, especialmente si eres escéptico, pero que indudablemente, te llevarán a devorar hasta la última página.

Podría decirse que el Overlook, como cualquier otro lugar, posee fantasmas del pasado y una historia olvidada; sin embargo, es Danny Torrance, el hijo del nuevo cuidador, un pequeño de apenas cinco años, quien comienza a hacer hablar a las paredes del lugar. Pocos advirtieron sus susurros antes de él, pues Danny tiene la capacidad de ver más allá del tiempo y el espacio, algo que sus padres no son capaces de comprender; él posee el resplandor. Las habilidades de este niño pueden calarte la piel. Imagina que tu hijo pequeño supiese exactamente lo que deseas, lo que tramas, que conociera tus demonios y tus debilidades más mundanas, ¿lo ves? Eriza la piel el sólo pensarlo. Y es que además es capaz de ver a aquellos seres del pasado que rondan por los pasillos inmensos, por las habitaciones solitarias; percibe su sangre y su olor a moho.

Entonces todo comienza a tener sentido, cuando Jack encuentra un álbum de noticias, fotografías y registros de habitaciones de toda la historia del Overlook y se obsesiona por conocer todos los secretos que esconden los dueños anteriores y actuales del lugar.

Stephen King creó una obra acerca de lo peor de las élites, de masacres, descuartizadores, regentadores, y un sinfín de escándalos propios de la clase alta, que darían lo que fuera por mantenerlos en secreto; pero las paredes hieden odio, sus fantasmas se quedaron impregnados en las finas alfombras; el autor logra hacer una fascinante alegoría del cuento corto “La máscara de la muerte roja” de Edgar Allan Poe, en la que incluye varios de sus elementos, la atmosfera fatalista, el juego con los sentidos de los personajes principales, el escenario brutalmente aislado del peligro de la muerte, la nieve apabullante, y el toque final: la muerte escurridiza que derrama la sangre de dominados y dominantes.

Centenares han sido arrebatados por la maravillosa adaptación cinematográfica de Stanely Kubrick, que guarda también muchos secretos detrás de sus imágenes, sin embargo es preciso conocer el laberíntico mundo que sin nombrarlo, Stephen King, logra entramar a través de la mente de los personajes y del ente que habita el Hotel Overlook, en esta joya de la literatura contemporánea.

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