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Vida y obra de los hijos de la post-escasez
(Reseña de Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney)
Marbrisa Ter-Veen comment 0 Comentarios access_time 5 min de lectura

¿Alguna vez has tenido la sensación de que no sabes

qué estás haciendo con tu vida?, pregunté.

Sally Rooney

A veces leemos para encontrarnos; no en el sentido espiritual, sino más o menos literal. Andamos por las librerías, hurgando entre las tapas, las salas de cine o la oferta de series de televisión buscando con desesperación un espejo. Una superficie que nos devuelva una imagen acabada que se asemeje a nuestra experiencia del mundo: el desempleo, o el trabajo sin remuneración económica, las rentas imposibles de pagar, el tedio, la angustia por el cambio climático, la deconstrucción de todo, la imposibilidad del amor, las grandes ambiciones descalabradas. La herencia, en fin, que nos tocó a los hijos menores del capitalismo tardío.

Durante los últimos años, a los millennials se nos ha acusado de ser unos buenos para nada. Unos ninis. Se nos acusa de no poder hacernos de patrimonio, de exigir mejores condiciones laborales, de “sentirnos especiales” y no querer trabajar…

Desde hace un par de años me he dejado llevar por las novedades editoriales —algunas primeras novelas de autores jóvenes— de países angloparlantes, en particular Estados Unidos, lo cual quiere decir que he leído The Idiot de Elif Batuman, Sweetbitter de Stephanie Danler, Motherest de Kristen Iskandrian, Early Work de Andrew Martin, My Year of Rest and Relaxation de Ottesa Moshfeg y ahora Conversaciones entre amigos de Sally Rooney, por mencionar los más aclamados. Y en mi carrito de Amazon se vienen Severance de Ling Ma, Goodbye, Vitamin de Rachel Khong y Una educación de Tara Westover.

Todos estos libros pertenecen, sin duda, a una nueva ola que ya se había dejado ver en series de televisión y cine: la ficción millennial. En el caso de la literatura, por ponerlo en términos generales, se trata de novelas de formación (tardía quizá) propias de jóvenes adultos ensimismados, de clase media o media alta de países “del primer mundo”. Debo decir que ya estaba cansada de leer estos relatos de la depresión, el tedio, los growing pains de jóvenes brillantes y privilegiados (Rooney misma estudió en el Trinity College) a los que se les prometió el mundo, pero tal vez la crisis financiera del 2008 impidió que la promesa se cumpliera. La burbuja de la deuda explotó y vino la crisis. Así, el tema recurrente de estos textos parece ser la Gran Decepción.

Conversaciones entre amigos tiene como protagonista a Frances, 21 años, estudiante universitaria en Dublín, escritora de poesía y participante de recitales de spoken word. Encontramos a Frances al inicio de su despertar a la vida adulta, cargada aún del cinismo ingenuo de la adolescencia, mismo que se va desvaneciendo conforme todos los aspectos de su vida comienzan a colapsar o entrar en crisis: sus relaciones amorosas, su vida intelectual, su ideología de izquierda, la relación con su cuerpo, con sus padres y, en especial, su relación con el dinero. Conversaciones destaca entre otras novelas millennials por la fuerte crítica socioeconómica que Sally Rooney inyecta en sus páginas; la novela es en gran medida una exposición de la lucha de clases en el crepúsculo de la post-escasez. La protagonista, partidaria del comunismo y corta de dinero, se ve confrontada al conocer, disfrutar y desear la vida burguesa y convencional que solía despreciar.

yo me sentía fuera de lugar, ignorante y resentida, pero también temerosa de que acabaran desenmascarándome como una persona moderadamente pobre y comunista” (p. 105).

Me sentía obligada a actuar de forma divertida y despreocupada acerca de la comida, porque creía que Nick se sentiría incómodo si supiera que realmente no tenía dinero y subsistía gracias al pan y la mermelada que él traía” (p. 260).

En los meses precedentes había creído vislumbrar la posibilidad de una vida alternativa, la posibilidad de acumular ingresos simplemente escribiendo y hablando e interesándome por cosas. Cuando aceptaron mi relato, incluso creí haber entrado en ese otro mundo, como si hubiese puesto fin a mi antigua existencia y la hubiese dejado muy atrás. Me avergonzaba la idea de que Bobbi pudiera entrar en la sandwichería y viera con sus propios ojos lo mucho que me había engañado a mí misma” (p. 300).

Una ojeada rápida a la biografía de Sally Rooney revela numerosas similitudes entre la autora y Frances, su personaje. Lo mismo sucede en la mayoría de las mencionadas novelas de la ola millennial; el personaje central comparte características con su autor, y es notable la naturalidad con la que los escritores se toman el tema, sin necesidad de hacer aclaraciones ni enredarse en el asunto de la autoficción o la dicotomía Verdad-Ficción. Tal vez porque la vida virtual, la vida líquida, nos ha enseñado a no tomarnos estos conceptos tan en serio. Todo es ficción. Y en cualquier caso, la crisis ecológica, política, económica y migratoria apremia.

“y no pude evitar sentir lástima por todos nosotros, como si solo fuéramos unos críos que fingían ser adultos” (p 222).

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